¿Por qué dejamos de usar Just Eat?
En los últimos dos años Just Eat se había convertido en el aliado perfecto para los días de flojera y gula. No había mes en en el que no echáramos algunos vistazos a la web para ver todos los menús y acabar pidiendo lo mismo, en el mismo sitio de siempre. Un campero con patatas los viernes para cenar era el premio a sobrevivir a toda una semana o una pizza los domingos el tributo a la perrera infinita. Hacer esto de manera habitual, no hace falta que nos lo diga un nutricionista, no es bueno. Ni mucho menos barato. Pero comer a base de pedidos online, pagados a través de Paypal, hace que sea tan sencillo que llega un punto en el que no eres consciente de la de veces al mes que pides ni del dinero que poco a poco se va descontando. Pero llega un momento, a finales del año pasado, que el equipo de marketing de Just Eat tiene una idea. Una gran idea (o eso pensaron). Me enviaron, a mí e imagino que a todos sus clientes, un email donde hacían recuento de todos los pedidos del...